lunes, 8 de octubre de 2012

No es fácil ser un novato americano

Las últimas semanas de Chuck García han debido ser una tormenta de emociones.

Su llegada a España, primera experiencia internacional del jugador, su adaptación a Fuenlabrada y el entrar en un nuevo baloncesto, con nuevas reglas y del que no conocía mucho, ya constituyen un marco en el que toda pequeña alteración puede constituir un desequilibrio que merme su rendimiento.
Digamos que la pretemporada de Charles fue buena en términos globales. Tuvo problemas físicos al principio, pero los dos partidos 'a puerta abierta' que disputó fueron bastante buenos, demostrando su capacidad para jugar en la pintura anotando, levantándose ante pívots más fuertes y su fiabilidad en el tiro libre.

Su espectacularidad, potenciada por sus espectaculares tatuajes y el "American Style" del que hace gala, lo convirtieron en una de las atracciones del concurso de mates de la Liga Endesa. Su punto álgido en su experiencia europea puede haber sido el mate en el que saca las gafas de pasta, se sube el pantalón hasta los sobacos e imita a Steve Urkel mientras machaca.

Después vino la puntuación, y con ella una de los primeros juicios que le ofreció la liga: no apto para ganar el concurso.

A partir de ahí todo han sido juicios. Primero los árbitros, que penalizaron prácticamente cada uno de sus movimientos defensivos en Valencia -debut ACB- con falta personal.

García conoció lo que es sufrir en el banquillo, lo que es acumular ansiedad y querer hacerlo todo de golpe al salir a disputar los minutos que te dejan las faltas personales. El resultado es peor: más faltas, más fallos, mates que acaban con el balón rebotado y acariciando el techo del pabellón y una afición rival jaleando unos errores impensables en California, la D-League o incluso la pretemporada.

Tras una semana de contricción, de pensamiento interior, deseando que llegara el siguiente partido para poder desquitarse, escuchando los consejos de veteranos del vestuario fuenlabreño, llegó el día del partido contra el Obradoiro. Esta vez, jugando en casa, la cosa no puede ir tan mal. Para empezar, aclara con el utillero hasta el más mínimo detalle y me he llevado a mi intérprete Álvaro Muñoz para así evitar el más mínimo malentendido.

Pero de nuevo llegó la ansiedad. Esta vez por ver cómo un Mo Sené que no está ni al 75% era titular por delante de él, otra vez el banquillo, otra vez ver escaparse al rival mientras que uno no puede hacer nada hasta que lo sacan a la pista.

Y aunque el principio de su partido ante los gallegos no fue tan desastroso como el de Valencia -rebotes, tiros de dos difíciles anotados-, proto llega la frustración de cometer la primera falta, la frustración de que el capitán del equipo levante el brazo como un resorte para salvarte de la segunda, y sobre todo la frustración de que segundos más tardes te la piten sin haberla cometido.

Baloncesto Fuenlabrada / Fran Martínez
Entonces es cuando explota la bestia, cuando uno se olvida de los consejos de los compañeros, de la charla del entrenador del Fuenla, de las moralejas de las historias del entrenador del instituto, de que el partido es televisado, de que la familia, desde el otro lado del charco, espera que haga una gran carrera aquí... explosión de ira en forma de protestas que provocan la técnica, tercera falta personal, adiós al partido, ahora la mente del jugador debe estar volando por alguna galaxia donde esté permitido comer árbitros.




Una nueva derrota... un nuevo bocinazo que tarda demasiado en llegar... y al saludar a los rivales, a los compañeros del otro equipo, un tipo se acerca cojeando y ofrece, con su acento de Baltimore, las claves para poder sobrevivir en esta jungla que es la ACB.



Guarda esas palabras Charles, Hopkins sabe muy bien lo que dice.

1 comentario:

  1. Buenísimo Fran. Incluso en la zona mixta, cuando salía Chuck se volvió a cruzar con B-Hop, quien lo tomó del hombro y le siguió hablando como si le conociera de toda la vida.

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